La cerveza artesanal ya no vive desde la resistencia: Rius

Ciudad de México, 25 de mayo, 2026- Separados por el océano Atlántico, España y México se conectan a través de sus escenas cerveceras, que comienzan a mirar y transitar más allá del nicho y de la rebeldía que las originó.

“La cerveza artesanal ya no vive únicamente desde la resistencia o desde el nicho. Está empezando a ocupar un espacio cultural y gastronómico más maduro, y cuando eso ocurre, es lógico que los grandes grupos quieran observar, participar o incluso aprender de ciertas dinámicas del sector craft”, señala Mikel Rius, juez internacional de cerveza y una de las figuras del movimiento artesanal en España.

En entrevista con Desde la Barra, Rius sostiene que tanto en su país como en todo Latinoamérica, la escena craft nació como reacción directa a un mercado altamente industrializado, lo que derivó en una intensa polaridad entre ambos mundos.

Y aquí, el también co-director del Barcelona Beer Festival, lanza una observación que pone el dedo en la llaga: “muchas veces se tiende a simplificar el debate como ‘industrial vs artesanal’, cuando la realidad es bastante más compleja”.

Rius estuvo hace unos días en México, para unirse por primera vez al equipo de jueces de la copa internacional Aro Rojo, en la que marcas de AB InBev de América Latina, figuraron en el medallero junto a los artesanales, generando debate entre la comunidad cervecera.

“En Catalunya vivimos ese constante David(s) contra Goliat. El riesgo real no está tanto en competir juntos en una copa, sino en cuando las grandes compañías intentan apropiarse del discurso artesanal sin tener detrás ni la filosofía, ni la independencia, ni la conexión real con la comunidad. Ahí sí puede generarse cierta distorsión”, puntualiza Mikel.

La cerveza artesanal ya no vive desde la resistencia
Foto: @thebeertrekker

DLB:¿Qué te llevas de tu visita a México y de tu participación en Aro Rojo?

MR: La sensación de estar frente a una escena cervecera muy viva y con personalidad propia. A veces, desde Europa tendemos a mirar Latinoamérica como un mercado “emergente”, pero cuando te sientas a catar durante varios días entiendes rápidamente que hay muchísima madurez técnica, identidad y ambición detrás de muchos proyectos.

Me sorprendió especialmente el nivel medio de las cervezas. Evidentemente, como en cualquier competición grande, hay muestras muy dispares, pero el porcentaje de cervezas sólidas, limpias y bien ejecutadas era muy alto. Y no solamente en estilos modernos o más fáciles de vender hoy en día, sino también en estilos técnicamente complejos donde se nota mucho el nivel del elaborador.

También me pareció muy interesante cómo cervecerías de México y Latam están desarrollando una identidad propia, sin intentar copiar constantemente lo que pasa en Estados Unidos o Europa. Hay una relación distinta con los ingredientes, con la gastronomía, con el picante, con la fermentación y con el propio concepto de hospitalidad alrededor de la cerveza, y eso acaba apareciendo en las cervezas.

En Aro Rojo había mucha capacidad técnica, pero también humildad y ganas de debatir. Eso no siempre ocurre, en algunas competiciones el juez intenta demostrar cuánto sabe, aquí sentí que todos intentaban entender realmente la cerveza y llegar al análisis más justo posible. No creo que suceda, pero si alguien tiene algún complejo que se lo quite inmediatamente, Aro Rojo está en el máximo nivel de competencias mundiales, una world class, sin ninguna duda.

Personalmente disfruto mucho cuando una competición también sirve para aprender. No solamente pruebas cervezas: entiendes tendencias, problemas recurrentes, maneras distintas de interpretar estilos y realidades de mercado muy diferentes.

DLB: ¿Podrías explicarnos cómo evaluaron las cervezas?

MR: Creo que algo muy importante de Aro Rojo es entender que no busca únicamente “encajar” una cerveza dentro de una definición rígida de estilo, sino evaluar qué tan bien ejecutada está dentro de su intención y dentro del contexto actual de la cerveza.

La BJCP es una herramienta increíble y muy útil, sobre todo para estandarizar criterios y formar jueces, pero a veces puede percibirse como más académica o más centrada en la ortodoxia del estilo. En Aro Rojo sentí un enfoque más contemporáneo y también más conectado con cómo evoluciona realmente la cerveza.

Además, el formato de evaluación y discusión entre jueces tiene mucho peso en el consenso sensorial y en la experiencia global de la cerveza, no solamente en “cumple/no cumple” ciertos parámetros.

Y creo que eso ayuda mucho a aterrizar el valor de las medallas. Una medalla no significa necesariamente “la mejor cerveza del mundo”, sino que en ese contexto, con ese panel y frente a otras muestras, esa cerveza destacó por calidad, ejecución y experiencia sensorial. A veces desde fuera se interpreta una copa como algo completamente objetivo y matemático, cuando en realidad siempre existe una parte humana y contextual.

Foto: @thebeertrekker

DLB: ¿Qué te pareció la participación de la cervecera más grande del mundo en la competencia?

MR: Personalmente me parece positivo que grandes grupos como Modelo o cervecerías vinculadas a AB InBev participen en este tipo de competencias. De hecho, creo que es una señal de respeto hacia la propia copa: si una compañía de ese tamaño decide inscribir cervezas, dedicar tiempo y exponerse a una evaluación a ciegas, significa que considera que esa medalla tiene valor y credibilidad.

A veces dentro del mundo craft existe cierta incomodidad con esto, pero si lo pensamos fríamente, todos terminan compitiendo igualmente: en la estantería de una tienda, en un taproom, en un supermercado o simplemente en la decisión de un grupo de amigos sobre qué cerveza comprar. Las competencias son, en el fondo, otro espacio más donde comparar productos en igualdad de condiciones y bajo cata ciega.

Muchas veces se tiende a simplificar el debate como “industrial vs artesanal”, cuando la realidad es bastante más compleja. Hay grandes compañías con equipos técnicos extremadamente preparados y con capacidades de control de calidad impresionantes. Y en una competición sensorial, una cerveza técnicamente impecable puede funcionar muy bien.

DLB: A los grandes grupos no los vemos compartiendo sus medallas en redes, por ejemplo, ¿cómo crees que las aprovechan?

MR: Creo que depende mucho de la estrategia de cada compañía. Las cervecerías craft suelen comunicar las medallas de manera muy visible, porque forman parte de su relato y de su construcción de marca. En cambio, las grandes compañías probablemente utilizan más ese reconocimiento de forma interna: validación de procesos, benchmarking, evaluación de producto o incluso motivación para sus equipos técnicos.

De hecho, muchas veces el verdadero valor para una gran cervecera ni siquiera es la medalla, sino recibir feedback externo, independiente y especializado sobre cómo está funcionando una cerveza frente a cientos de muestras y frente a jueces internacionales. Y eso, aunque luego no aparezca en una campaña de marketing, tiene muchísimo valor.

DLB:¿Consideras que su participación en competencias de países como México impacta de alguna manera en los cerveceros artesanales?

MR: Sí, pero creo que el impacto depende mucho de cómo se interprete esa participación. Si una gran cervecera entra en una competición y gana medallas únicamente gracias a músculo industrial o capacidad comercial, evidentemente puede generar rechazo. Pero cuando hablamos de una cata ciega y de una evaluación seria, al final todos se someten al mismo filtro sensorial.

De hecho, también puede tener una lectura positiva para la cerveza artesanal. Obliga a elevar el nivel, a entender que ya no basta solamente con tener un buen relato o ser “pequeño”, sino que la calidad debe sostenerse de forma consistente. Y eso es sano para el sector.

DLB: ¿Qué tanta presencia de grandes grupos cerveceros se ve en copas de España o en las que tú has estado presente? ¿Cómo lo perciben los cerveceros?

MR: En Europa y especialmente en España cada vez es más habitual ver participación de grupos grandes o de marcas vinculadas a multinacionales en competiciones cerveceras. A veces participan directamente y otras mediante proyectos más “independientes” o craft dentro de sus propios portafolios.

En el Barcelona Beer Challenge, el referente de copa en nuestro país, históricamente han participado grandes grupos cerveceros y han ganado distintas medallas a lo largo de los años. Es algo que nunca hemos visto como un problema, precisamente porque la competición está planteada desde la cata ciega y la evaluación técnica. Lo más habitual es que destaquen en categorías como International Lager, donde las grandes compañías tienen muchísima capacidad técnica y de consistencia. Pero también se han presentado sorpresas interesantes. Recuerdo algún caso de una gran cervecera consiguiendo medalla en categorías Barrel Aged, algo que mucha gente probablemente no esperaba y que demuestra que las cosas son bastante más complejas de lo que a veces parecen desde fuera.

Al final, la legitimidad de la competición no viene de excluir actores, sino de garantizar independencia, rigor y transparencia en el jurado.

También creo que es importante entender que en Europa no existe una única visión sobre este tema. Hay diferencias muy grandes entre países con tradición cervecera histórica y países donde la revolución craft es mucho más reciente.

En países con una tradición consolidada —como Bélgica, Alemania, Chequia o incluso parcialmente Reino Unido— existe desde hace décadas un ecosistema más amplio y diverso de modelos productivos. Hay cervecerías familiares medianas, regionales, cooperativas, brewpubs históricos y empresas con volúmenes muy distintos conviviendo dentro de una misma cultura cervecera. Ahí, la frontera entre “artesanal” e “industrial” muchas veces es bastante difusa y no se vive necesariamente como un conflicto identitario.

En cambio, en países donde la escena craft nació más recientemente como reacción directa a un mercado muy industrializado, suele existir una polaridad más fuerte entre ambos mundos.

La percepción entre cerveceros artesanales hoy es bastante diversa. Hace diez años probablemente existía una visión mucho más confrontativa. Ahora creo que el sector está en una etapa más madura y también más pragmática. Hay preocupación por temas como distribución, concentración de mercado o pérdida de identidad, pero al mismo tiempo muchos entienden que una competición técnica no debería convertirse en un espacio ideológico.

Y sinceramente, muchas veces los propios cerveceros artesanales valoran positivamente ganar una medalla en una copa donde también participan grandes compañías. Porque eso también da contexto al reconocimiento obtenido. Y, porque no decirlo, ¡mucho orgullo y placer!

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Anabel Manzano "Lupulina"

Siempre le gustó contar historias y un día descubrió que ser periodista es el mejor trabajo del mundo. En el camino se encontró una pinta de cerveza artesanal y fusionó sus dos pasiones en Desde la Barra.
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